El Ayuntamiento de Almería ha instalado los primeros cinco tótems con desfibriladores externos automáticos en espacios públicos, dentro del plan Almería Capital Cardioasegurada. Según la información publicada por el propio Ayuntamiento, estos primeros dispositivos están situados en Plaza Marín, Avenida Federico García Lorca y Paseo Marítimo, y están pensados para estar accesibles las 24 horas con señalización clara y uso asistido incluso para personal no sanitario.

La noticia, sinceramente, me parece muy positiva.

Que una ciudad avance hacia espacios públicos más seguros, más preparados y con recursos disponibles ante una emergencia es algo que deberíamos valorar. En una parada cardiorrespiratoria, cada minuto cuenta, y tener un desfibrilador cerca puede marcar una diferencia enorme.

Pero al leer la noticia me surgió una duda muy sencilla:

¿Tenemos desfibriladores disponibles, pero estamos realmente preparados para saber cuándo usarlos?

Tener el dispositivo es importante. Saber actuar también.

Un desfibrilador externo automático puede ser una herramienta decisiva en una emergencia. Pero la realidad es que muchas personas, aunque tengan uno delante, pueden quedarse bloqueadas.

Y no por falta de voluntad.

Al contrario: la mayoría de la gente quiere ayudar.

El problema es otro.
El problema es el miedo.

Miedo a equivocarse.
Miedo a hacer daño.
Miedo a usar el desfibrilador cuando no toca.
Miedo a no saber si la persona está realmente en parada.
Miedo a que todo dependa de nosotros.

Por eso, junto a la instalación de desfibriladores, creo que hay una conversación igual de importante: la formación ciudadana.

Porque no basta con que el aparato esté en la calle. También necesitamos que las personas sepamos reconocer una emergencia, llamar al 112, mantener la calma y seguir unas pautas básicas hasta que lleguen los servicios sanitarios.

La pregunta no es solo “dónde está el desfibrilador”

Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de ciudades cardioaseguradas, la conversación se centraba en la ubicación de los desfibriladores.

Dónde están.
Cuántos hay.
Si están visibles.
Si son accesibles.
Si funcionan las 24 horas.

Todo eso es fundamental.

Pero hay otra pregunta que no deberíamos dejar fuera:

¿Qué pasa en los primeros minutos antes de que llegue la ambulancia?

Porque una emergencia no empieza cuando llega el equipo sanitario. Empieza antes.

Empieza cuando alguien se desploma.
Cuando una persona deja de responder.
Cuando alguien respira de forma extraña.
Cuando los que están alrededor no saben si acercarse, llamar, esperar o actuar.

Y en esos primeros minutos, la diferencia muchas veces no la marca solo la tecnología. La marca la preparación.

El desfibrilador ayuda, pero no elimina el bloqueo

Una de las ventajas de los desfibriladores externos automáticos es que están diseñados para guiar a la persona que los utiliza. Las guías del European Resuscitation Council indican que, cuando el DEA está disponible, debe encenderse, colocar los parches y seguir las instrucciones visuales o de voz del propio dispositivo. También señalan que los DEA pueden ser utilizados de forma segura por testigos y primeros intervinientes.

Esto es importante decirlo, porque mucha gente piensa que usar un desfibrilador es algo extremadamente técnico.

Pero aun así, hay una barrera previa: atreverse a dar el paso.

Y ahí es donde entra la formación.

Una persona formada no tiene por qué saberlo todo. No tiene que convertirse en sanitaria. No tiene que diagnosticar como un médico.

Pero sí puede saber algo esencial:

  • cómo valorar si una persona responde;
  • cómo pedir ayuda correctamente;
  • cómo explicar la situación al 112;
  • cómo reconocer señales de alarma;
  • cómo iniciar una actuación básica;
  • cómo seguir las instrucciones de un desfibrilador;
  • y, sobre todo, cómo no quedarse paralizada.

Cada minuto cuenta, pero la mayoría no practicamos nunca

El propio Ayuntamiento recuerda en su comunicado que en España se producen alrededor de 30.000 paradas cardíacas extrahospitalarias al año y que cada minuto sin reanimación ni desfibrilación reduce las probabilidades de supervivencia en torno a un 10%.

Ese dato impresiona.

Pero también debería hacernos pensar.

Porque si cada minuto cuenta, entonces la primera respuesta importa muchísimo.

Y esa primera respuesta casi nunca la da un profesional sanitario. La suele dar quien está cerca: un familiar, un compañero de trabajo, una persona que pasa por allí, alguien en una oficina, en una tienda, en una sala de formación o en un espacio público.

Por eso me parece tan importante que se instalen desfibriladores, pero también que se hable más de primeros auxilios y de formación práctica.

No desde el miedo.
Desde la responsabilidad.

Una ciudad cardioasegurada necesita ciudadanos preparados

Almería da un paso importante instalando estos primeros tótems con desfibriladores. Y ojalá la red siga creciendo en más barrios, calles, plazas, centros deportivos, espacios públicos y zonas de gran afluencia.

Pero una ciudad realmente cardioasegurada no es solo una ciudad con dispositivos.

Es una ciudad donde más personas saben actuar.

Donde llamar al 112 no genera bloqueo.
Donde se entiende cuándo puede hacer falta un desfibrilador.
Donde se pierde el miedo a acercarse.
Donde se normaliza aprender RCP básica.
Donde las empresas, asociaciones, centros educativos y espacios de trabajo también se implican.

Porque la seguridad no depende solo de las instituciones. También depende de la cultura que construimos entre todos.

Por eso tiene sentido formarse

Esta noticia nos parece una oportunidad perfecta para recordar algo importante: los primeros auxilios deberían formar parte de nuestra formación básica como ciudadanos.

Igual que aprendemos a conducir, a usar herramientas digitales o a desenvolvernos en el trabajo, también deberíamos aprender cómo actuar ante una emergencia.

No porque pensemos que nos va a pasar mañana.

Sino porque, si algún día ocurre delante de nosotros, será mejor estar preparados.

Desde Workspace Coworking Almería queremos aportar nuestro granito de arena organizando una formación presencial de primeros auxilios, pensada para aprender de forma clara, práctica y sencilla qué hacer en esos primeros minutos antes de que llegue la ayuda profesional.

Una formación para perder miedo, ganar criterio y saber actuar con más seguridad.

Porque tener desfibriladores en la ciudad es una gran noticia.

Pero saber cuándo y cómo actuar puede ser lo que realmente marque la diferencia.

La tecnología salva vidas. La formación también.

Instalar desfibriladores es avanzar.

Formar a las personas es completar el camino.

Por eso, más que quedarnos solo con la buena noticia de que Almería cuenta con nuevos tótems cardioprotegidos, deberíamos aprovechar este momento para hacernos una pregunta incómoda pero necesaria:

Si mañana una persona se desploma delante de mí, ¿sabría qué hacer hasta que llegue la ambulancia?

Si la respuesta es “no lo tengo claro”, no pasa nada.

Precisamente por eso hay que formarse.

Porque una emergencia no espera a que estemos preparados.

Pero nosotros sí podemos prepararnos antes.

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¡Hola! Soy Cristiano Gomes 👋
Estoy en Workspace haciendo mis prácticas, aprendiendo cada día y disfrutando de un ambiente donde trabajar y crecer resulta mucho más fácil. Intento vivir esta etapa con ilusión, compromiso y una actitud de servicio hacia los demás. 💪✨

Cristiano Gomes

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